Para emprender hay que salir de la zona de confort

Los emprendedores tenemos un rival acérrimo llamado zona de confort, un enemigo muy inteligente y sutil que suele atraparnos sin que nos demos cuenta.

Su presencia es tentadora porque toma la forma de aquello que nos gusta, es muy difícil resistirse si no estamos atentos. Es como estar sentado en un sillón comodísimo, con nuestro trago preferido en la mano, escuchando la música que más nos gusta y sentir que ese estado de placidez dura por siempre.

Vivir en la zona de confort es carísimo pues nos cuesta los sueños, ilusiones y renunciar a la vida que queremos vivir.
Por eso, comparto una historia que seguro te hará reflexionar y saber que puede pasar cuando salimos de la zona de confort:

“Un maestro y su asistente llegaron a la pequeña choza perdida en el medio de una campiña en busca de ayuda. En el frente de la casa sólo había una vaca. Al golpear el Maestro la puerta, un hombre se le apareció:

-“¿Qué puedo hacer por usted?”, preguntó sonriendo.

-“Hemos tenido problemas con nuestro transporte: ¿podrías darnos cobijo por la noche?”.

-“Por supuesto. Pasen y siéntanse como en casa”.

Su mujer invitó a los visitantes a sentarse a cenar. Los cuatro compartieron leche, queso y carne asada. El asistente, sorprendido por la simpleza que lo rodeaba, preguntó:

-“Sólo he visto una vaca en el frente de su casa… ¿Cómo hacen para vivir así?

-“Mire”, contestó el hombre. “Es vaca nos da la leche que tomamos, sus terneros son nuestro alimento, sus cueros nuestros abrigos… No necesitamos nada más”.

Tras la cena, todos partieron a sus cuartos. A la mañana siguiente, los huéspedes dieron las gracias y emprendieron su camino. En ese momento, el asistente quedó estupefacto ante el pedido de Maestro: “Mátales la vaca”.

El asistente, si bien atónito, cumplió la orden.

El cargo de consciencia lo persiguió por años, al punto de regresar a aquella casa para saber qué había sido de esa familia. Su sorpresa fue mayúscula al encontrarse con una gran hacienda, llena de animales, un molino y varias comodidades más. Sorprendido, golpeó la puerta. Ante él, apareció un hombre a quien no reconoció.

-“¿Qué puedo hacer por usted?”, preguntó.

-“Hace años estuve en esta casa pero todo era muy distinto. Quería saber qué fue de la familia que aquí vivía”.

-“Debemos ser nosotros, jamás nos hemos mudado”.

-“Pero… ¿Cómo es que llegaron a tener todo esto”.

-“Mire, sucedió algo muy extraño. Una mañana, nos despertamos y nuestra vaca estaba muerta. Por lo tanto, debimos comenzar una nueva vida, llena de esfuerzos y nuevos desafíos, que hoy nos permite tener todo lo que ve”

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